Las cuatro adoraciones

Las cuatro adoraciones es un ejercicio que se recoge en obras como “Doce pasos para la iluminación” de Israel Regardie o en “Liver Resh vel Helios” de Alister Crowley. Este ritual, se explica, debería ser un ejercicio diario tanto para el estudiante, sea neófito o aspirante, depende de la tradición, como para el mago.

Cuando se me indicó que tenía que realizar este ritual no sabía muy bien de que se trataba ni que efectos podría tener sobre mi. Nunca se me explicó su objetivo y éste no era tan claro como en otros ejercicios. Quizás la razón era simple. Tendría que encontrar yo mismo el verdadero significado del mismo. Con el tiempo comprendí que este ritual era una manera de entrar en consonancia con los ciclos solares e integrar en mi mismo a la divinidad en su forma de Dios Sol, algo básico para órdenes mágicas que tienen gran parte de sus bases en los antiguos misterios egipcios.

No debemos olvidar que al principio de los tiempos el hombre advirtió, de forma intuitiva, su relación con la naturaleza y el universo. Descubrió entonces que los astros principales, el Sol y la Luna, se movían por ciclos, tanto diarios como mensuales o anuales, nacían y morían, dependiendo de la época, salían y se ocultaban, crecían y menguaban… esto hizo que el hombre viese reflejados en ellos su propia esencia y lo considerasen como una

imagen física y viviente de la divinidad, pues reflejaba el ciclo de la vida: Nacimiento, vida, muerte y renacimiento. Por ello civilizaciones como la egipcia desarrollaron un gran culto al Sol (la Luna era llamada por ellos “El disco solar nocturno” o “El Atón de Plata”). Además, como dice Regardie “la luz es vida y ambos [la luz y la vida] son dependientes del Sol”.

En nuestra época, al separarnos de ese contacto tan esencial con los ciclos naturales, al combatirlos con nuestra ciencia, hemos perdido esa sabiduría esencial. Por ello es tan importante este tipo de ejercicios pues, de alguna manera, reclamamos de nuevo nuestro vínculo con el Sol y sus ciclos, adaptándolos en nuestro ser y dejando que lo divino more en nuestro interior.  Este ejercicio cambiará tu forma de ver la vida. Estamos, como hemos visto, tan alejados de las cosas básicas, que nadie piensa en la importancia del sol en todo lo que hacemos, siendo de suma importancia y esencial para la vida. Puesto que el astro, aunque sea una unidad, se manifiesta de cuatro formas diferentes a lo largo del día: amanecer, mediodía, atardecer y medianoche, se dirige entonces una adoración diaria a cada una de estas fases.

A continuación transcribo el ejercicio:
  • Al amanecer, cuando el sol salga, nos colocaremos mirando al Este, haremos el símbolo de nuestro grado y recitaremos:

Salve a Ti que eres Ra en Tu elevación,
y más aún a Ti que eres Ra en Tu fuerza,
y que viajas por los Cielos en Tu barca
a la Salida del Sol.
Tahuti se yergue en la proa en todo su esplendor,
y Ra-Hoor permanece al timón.
¡Salve a Ti desde las moradas de la Noche!

  • A mediodía, en cualquier lugar que nos encontremos, nos encararemos al Sur, haremos el símbolo de nuestro grado, y recitaremos:

Salve a Ti que eres Ahathor en Tu triunfo,
y más aún a Ti que eres Ahathor en Tu belleza,
y que viajas por los Cielos en Tu barca
a la Salida del Sol.
Tahuti se yergue en la proa en todo su esplendor,
y Ra-Hoor permanece al timón.
¡Salve a Ti desde las moradas de la Mañana!

  • Al atardecer, cuando el sol caiga, nos enfrentaremos al Oeste, haremos el signo de nuestro grado y recitaremos:

Salve a Ti que eres Tum en Tu puesta,
y más aún a Ti que eres Tum en Tu alegría,
y que viajas por los Cielos en Tu barca
a la Salida del Sol.
Tahuti se yergue en la proa en todo su esplendor,
y Ra-Hoor permanece al timón.
¡Salve a Ti desde las moradas del Día!

  • Para finalizar, a Medianoche, momento por el cual el Sol esta atravesando la Duat, nos enfrentaremos al norte, haremos el signo de nuestro grado y pronunciaremos:

Salve a Ti que eres Kefra en Tu escondite,
y más aún a Ti que eres Kefra en Tu silencio,
y que viajas por los Cielos en Tu barca
a la Medianoche del Sol.
Tahuti se yergue en la proa en todo su esplendor,
y Ra-Hoor permanece al timón.
¡Salve a Ti desde las moradas del Día!

Como podemos observar este ritual no cuesta ni tiempo ni esfuerzo a primera vista. Debemos tener en cuenta que se trabaja con cuatro manifestaciones de Ra-Hoor: Ra, Hathor (Ahathor), Tum y Kephera (Kefra). Personalmente considero que las formas no están de todo bien escogidas, ya que al amanecer, según los textos egipcios, se debería adorar a Kephera, a mediodía a Ra y al atardecer a Tum, pero no obstante, este ritual consigue de cualquier modo sus objetivos. Aún así, como se puede observar, lo divino es descrito con dos de sus características más sobresalientes en su posición. Ra surge y es fuerte, Ahathor es triunfante, obteniendo la mayor victoria sobre la oscuridad, y bella, Tum se pone y es alegre, pues es en la tarde cuando nos deleitamos con nuestros placeres y Kefera es oscuro y silencioso, pero siempre está ahí. En todo momento la barca está conducida por Tahuti, más conocido como Thot, señor de la Magia, los Ciclos y el Tiempo, lo cual representa nuestra visión mágica, que mira hacia delante a lo largo de día y que guía nuestros pasos durante el mismo, pero a su vez se enfatiza con él la energía de los ciclos y el tiempo, que transcurren y nos influencian. Esto queda potenciado por el hecho mismo de que nos “movemos en deósil” (sentido de las agujas del reloj) a medida que realizamos cada salutación.

Un paso importante cuando realizamos este ejercicio es intentar asumir la forma divina de aquella cara del Sol que estamos adorando o, al menos, intentar sentir su energía en nuestro interior. La mejor manera para conseguirlo es ver imágenes de ese dios y leer información sobre el mismo y, mientras realizamos el ritual, visualizar la imagen divina y como nos colma con su energía. De esta forma es como nos unimos a aquello que está por encima de nosotros.

Se ha dicho que se han de hacer los signos de cada grado. Este ejercicio es para todo el mundo, no sólo para iniciados, por lo que si no eres iniciado no harás ningún signo, siendo el ejercicio de igual eficacia.

Muchas veces podemos poner impedimentos para no realizar este ritual, el más común es que no nos levantamos al amanecer por diversos motivos. Bien, esto no es un impedimento. Rodney Orpheus en su obra “Abrahadabra” señala que debemos ser conscientes del mundo actual en el que vivimos y que debemos adaptar nuestra práctica al mismo, así pues la primera salutación la haremos cuando nos levantemos por la mañana (siempre que haya amanecido claro está), la segunda a eso de las 12:00 o las 13:00, la tercera cuando el sol se ponga y la última a Medianoche o justo antes de acostarnos. Además insiste en que es importante, para que el ejercicio tenga efecto, realizar las cuatro adoraciones a lo largo de día.

__________________________________________________________

Fuentes:
  • CROWLEY, Alister, Magia en teoría y práctica.
  • ORPHEUS, Rodney, Abrahadabra.
  • REGARDIE, Israel, Doce pasos hacia la iluminación.

One Comment on “Las cuatro adoraciones

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *