El culto a Isis en España. Parte I.

Este texto fue escrito en 2014 para formar parte de una antología de la diosa Isis que, al final, nunca salió a la luz. Es por ello que hemos decidido publicarlo en nuestro blog, separado en tres partes, para que sea público, ya que ese fue su principal objetivo. El texto ha sido revisado y modificado en 2017.
‘Navigium Isidis’. Frederick Arthur Bridgman.

Empieza a caer la tarde en la ciudad Romana de Baelo Claudia. Por la vía Decumano, a lo lejos, se aproxima una procesión encabezada por personas disfrazadas de diferentes maneras, una osa vestida de matrona, un mono disfrazado de Ganímedes y un asno con alas representando a Pegaso. Tras ellos, mujeres, vestidas de blanco y adornadas con flores, portan espejos, peines de marfil o perfumes, otras agitan los sistros. Hombres y mujeres contemplan la procesión portando antorchas y luminarias. Un grupo de músicos, dedicados a Serapis, tocan canciones para la diosa, otros sacerdotes llevan máscaras del dios Anubis. Pero tras todos ellos se encuentra el verdadero motivo de la celebración. Una serie de sacerdotes iniciados trasladan en una barca la imagen de la diosa Isis, patrona de los marineros bajo su epíteto de Pelagia. Todos se aproximan al puerto de la ciudad. La barca se purifica, se adorna con flores, se carga de ofrendas y es enviada al mar. Los iniciados devuelven la imagen de la diosa al templo. Lo que allí ocurre al caer la noche es un auténtico misterio. La gente del pueblo regresa a sus hogares con la bendición de la diosa. Han estado contemplando el antiquísimo ritual de ‘Navigium Isisdis’.

Aunque el templo romano de Isis en Baelo Claudia quizás fue el más importante de la Península Ibérica, no fue el

Templo dedicado a Isis y Serapis. Ampurias

único ni mucho menos el primero. El primer testimonio de un templo a Isis en España se remonta al siglo II a.C., en la colonia griega de Ampurias, al noreste de la península, en la actual provincia de Girona. Construido sobre un antiguo recinto dedicado a Asclepios su culto perduró durante la época de dominación romana. Estaba consagrado a Isis y Serapis. Gracias a una inscripción bilingüe sabemos que el culto nos llega directamente desde Alejandría de manos de un comerciante alejandrino llamado Noumas.

No se puede atestiguar un culto organizado a Isis previo en España, a excepción de ciertos sincretismos fenicios, de los que se hablará más adelante, y de objetos de comercio traído por este pueblo directamente desde Egipto. Así pues, a excepción del dios Ptah/Bes, como patrón de los artesanos y orfebres, cuyo culto introdujeron los fenicios a España, y más concretamente a la isla de Ibiza (una teoría indica que Ibiza significa: “Isla del dios Bes”), no hay testimonios fiables del culto a divinidades Nilóticas anteriores a la colonización helena.

Sería, no obstante, durante la dominación romana, y más exactamente durante los siglos I y III d.C., con especial peso en el siglo II, cuando el culto a Isis en España llegaría a su máximo apogeo, siendo uno de los países del Mediterráneo donde mayor difusión adquirió, tanto a nivel público como privado.

‘Isis’, procedente de Clunia. Museo de Burgos.

La Isis que llega a Hispania viene acompañada de Serapis, el dios Lágida nacido a finales del siglo IV a.C, de Harpócrates y de Anubis, más conocido por su sincretismo helénico como Hermanubis. La presencia de la diosa en España estuvo asociada en todo momento a la acción colonizadora romana, llegando a aparecer en ocasiones inadvertida su presencia entre una gran cantidad de deidades romanas. Así pues, en la Península Ibérica encontramos que la devoción a Isis es una más de entre las que se consideran propias de un ciudadano romano.

Esto contrasta mucho con lo que verdaderamente sucedía con el culto a Isis en la Roma Imperial, donde en época de Augusto primero sus templos fueron apartados del Foro romano para, posteriormente, ser destruidos. En Roma, por ejemplo, el emperador Augusto ordenó destruir el templo de Isis y arrojar sus esculturas al río Arno.

En España sucede todo lo contrario. Los templos de Isis y Serapis ocupan lugares destacados en la ciudad, los personajes más influyentes de la polis hacen ofrendas y donaciones a los templos, cuando no son sacerdotes y sacerdotisas del mismo. Y es que, los romanos, comprendieron que el culto a la diosa en España estaba muy arraigado, sincretizando su culto con el de diosas locales como Astarté o Tanit.

La difusión de su culto se dio en casi todas las grandes ciudades, aunque es sorprendente la ausencia de testimonios en muchas otras, lo que se puede deber al azar o a la mala fortuna arqueológica. Las principales características del culto en la península son la ausencia de singularidades regionales, la independencia respecto al carácter orientalizante prerromano, el alejamiento de las formas cultuales nilóticas con respecto al Imperio. A nivel social participan en sus cultos ambos sexos, aunque con gran predominio femenino, y hay referencias de todos los estratos sociales. Si bien es cierto que los primeros devotos fueron gente acaudalada, dejaron impregnadas sus creencias en sus esclavos. Tal es el ejemplo de una inscripción de finales del sigo I d.C. hallada en la ciudad de Valencia:

Monumento a Isis. Valencia.

“El colegio de los nacidos esclavos que veneran a Isis”

Aunque no se conoce la existencia de un Iseo en esta ciudad, este epígrafe es muy interesante, ya que rompe por completo el concepto de que el culto a Isis estaba destinado únicamente a las clases altas, indicándonos que los estratos sociales menos favorecidos estaban implicados en su culto.

(Continuará…)

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